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miércoles, 11 de marzo de 2015

La Adicción es una enfermedad

La familia de Juan Carlos sufría mucho debido a su adicción. Él era señalado y rechazado constantemente por no tomar la decisión de dejar las drogas y el alcohol. Los padres entendían el problema de su hijo como “falta de voluntad”. Lo tomaban como una ofensa personal porque pensaban que su hijo simplemente no quería dejar de consumir, ni siquiera por el daño que le causaba a la familia. Lo tildaban de “vicioso”.

Gracias a diversas investigaciones en el tema, hoy se sabe que los adictos a la marihuana, la cocaína, la heroína y otras drogas legales – como el alcohol y el cigarrillo - no lo son por su voluntad, sino que diversas disfunciones de su cerebro no los dejan vencer su adicción. Por esta razón deben considerarse enfermos. No se trata de una especie de “moral quebrantada” o de falta de “autocontrol”, como a veces se entiende popularmente.  

Las drogas afectan ciertas regiones cerebrales relacionadas con el “circuito de recompensa” y el neurotransmisor dopamina – generadores del placer y la recompensa.

El exceso de dopamina, que inicialmente se dispara con el uso de las drogas se torna cada vez más insuficiente, requiriendo un aumento progresivo del consumo, para lograr la misma sensación placentera.

Las drogas también afectan circuitos en el área prefrontal del cerebro, la cual está involucrada en el control de impulsos, la corteza prefrontal completa su maduración alrededor de los 21 años lo cual explica porqué los adolescentes son más vulnerables al uso y abuso de las drogas.

Ciertas deficiencias en la función prefrontal igualmente favorecen las adicciones. Esto explica el porqué no todas las personas que prueban drogas se tornan adictos a ellas.

De la misma manera, el estrés contribuye a fallas a nivel neuronal, aumentando el riesgo a la adicción, al igual que la genética, que se relaciona con una vulnerabilidad hacia estas.


Las adicciones son reversibles. El cerebro está en capacidad para sanar esta condición. Con neurofeedback, nos valemos de tecnología, para amplificar dicha capacidad y lograr una recuperación segura y eficaz tanto desde la dependencia fisiológica, como desde la resolución psicológica.  

martes, 26 de abril de 2011

La conducta dirigida por el cerebro versus la conducta dirigida por la voluntad

Cuando nuestro cerebro está funcionando bien, nosotros funcionamos bien. Cuando nuestro cerebro presenta problemas en su funcionamiento, es difícil ser “uno mismo”. La calidad de nuestra función cerebral está asociada a la calidad de nuestras decisiones, actuaciones, y conexiones emocionales en nuestras vidas.

Existen diferencias entre los comportamientos dirigidos por nuestra voluntad, y los comportamientos dirigidos por el cerebro: El comportamiento dirigido por la voluntad, se deriva de un cerebro sano, a través del cual ejercemos una elección consciente sobre una situación, en función de nuestros intereses. El comportamiento basado en la voluntad tiene una dirección hacia un objetivo y es productivo. Nos ayuda a cumplir nuestras metas.

Un cerebro cuyo funcionamiento está de alguna manera, comprometido, tiende a presentar dificultades en diferentes áreas de la vida. Un ejemplo extremo de esto es la enfermedad de Alzheimer. Las personas que sufren de esta condición no tienen acceso a su verdadero ser ni a su voluntad libre, porque sus cerebros presentan un severo deterioro en su función y frecuentemente en su comportamiento. Por esta razón, pueden pasar de ser, por ejemplo, personas amables, suaves y correctas, a ser irracionales, furiosas y conflictivas.

El comportamiento dirigido por el cerebro ocurre cuando este “secuestra” a la voluntad, y ocasiona que el actuar de la persona se torne poco cooperador o incluso francamente destructivo.

Sin ir más lejos, ¿cuántas veces nuestro hijo con déficit de atención nos promete con toda determinación “no volver a hacer” algún comportamiento que es inapropiado, y poco tiempo después lo repite? No es ni falta, ni mala voluntad del niño; probablemente el niño está haciendo lo mejor que puede a partir de cómo está funcionando su cerebro en cada momento.

Otros ejemplos de casos con comportamientos potencialmente dirigidos por el cerebro son las personas que padecen de trastornos obsesivo compulsivos, Tourette, o los adictos a las drogas. Una persona con un trastorno obsesivo compulsivo sabe que sus pensamientos o conductas son irracionales, sin embargo, simplemente no puede dejar de hacerlo. Una persona con Tourette puede intentar suprimir los tics, sin embargo, estos se van represando hasta que finalmente deben expresarse. El abuso de drogas o de alcohol con frecuencia se sale de control, a pesar de que el adicto sufre de intensa vergüenza y desprecio hacia si mismo. La adicción literalmente ha secuestrado su cerebro.

Si el cerebro es el órgano del comportamiento y de la libre elección, y la función cerebral está comprometida, entonces es obvio que no todas las personas tenemos el mismo nivel de voluntad y determinación. Con frecuencia las personas sobrevaloran el poder de la voluntad o de la determinación de otros o de si mismos. Piensan que se puede actuar de una manera diferente de la que se hace a fuerza de dicha voluntad. Cuando el funcionamiento de nuestro cerebro está “saboteándonos”, necesitamos revisar nuestro estilo de vida, y buscar apoyo a través de tratamientos e intervenciones apropiadas, que mejoren su funcionamiento. Nuestro cerebro importa y cuidar de él debe ser parte de nuestras vidas.

Virginia Rojas Albrieux

sábado, 30 de octubre de 2010

Cuando buscar Ayuda

Una persona debería buscar ayuda profesional para ellos mismos o para un ser querido cuando sus comportamientos, sentimientos, pensamientos, o recuerdos (todas funciones del cerebro) interfieren con su habilidad para desplegar su potencial en el ámbito de sus relaciones, su trabajo, o en el colegio. Si estamos experimentando dificultades recurrentes en nuestras relaciones (padre-hijo, hermano, amigos, pareja), es hora de buscar ayuda. Si tenemos problemas que persisten en el colegio o en el trabajo, relacionados con la memoria, el estado de ánimo, el comportamiento, o los pensamientos, es hora de buscar ayuda profesional. Si tenemos comportamientos impulsivos, tomamos recurrentemente elecciones equivocadas, o la ansiedad nos está creando problemas económicos, es hora de buscar ayuda.
Busque un profesional con quien haga empatía, que sea de mente abierta, que esté actualizado, y dispuesto a ensayar cosas nuevas. Debe ser alguien que lo trate con respeto, que escuche sus preguntas y responda a sus necesidades, y donde se pueda dar una relación de colaboración. El clínico es esencial dentro de un proceso de sanación.
El orgullo y la negación muchas veces se interponen en la búsqueda de ayuda porque muchos tiene el paradigma de que hay que ser “fuertes” y salir adelante solos; pero realmente requiere de más valor y fortaleza tomar la decisión de buscar ayuda. Otro paradigma que se presenta con fuerza es el estigma de la “enfermedad mental”. Las personas no quieren ser vistas como locas, estúpidas, o defectuosas, y por esto no buscan la ayuda que necesitan, hasta que ya no pueden tolerar más dolor y sufrimiento. Muchas personas no son conscientes de que los problemas psiquiátricos son problemas cerebrales, y los califican equivocadamente como problemas de debilidad de carácter. Los hombres, en especial están muy afectados por este paradigma.
Para ayudar a una persona que no es consciente de su problema, o que esta reacio a recibir ayuda, dígale cuales son los comportamientos que a usted le preocupan, y explíquele que estos problemas pueden deberse a patrones cerebrales subyacentes que podrían ser resueltos. Dígale que existe ayuda disponible, no para curar un defecto, sino para optimizar el funcionamiento de su cerebro. Manifiéstele que usted sabe que él está haciendo lo mejor que puede, pero que su comportamiento, sus pensamientos, o sus sentimientos podrían estar afectando su éxito en el trabajo, en las relaciones, o su relación consigo mismo. Enfatice el concepto de mejor funcionamiento y no de defecto. Dele información. Apóyese en artículos, libros, videos, etc. Una información presentada con un enfoque positivo puede ser muy persuasivo.
Si luego de haber probado todo lo anterior, la persona sigue resistente, deje ideas sembradas acerca de buscar ayuda, y aliméntelas regularmente. Suelte una idea, un artículo, u otra fuente de información acerca del tópico que nos atañe, de vez en cuando, sin tornarnos muy intensos. Proteja la relación con esta persona, de manera que se mantenga la confianza y la cercanía. Eso permitirá una mayor apertura por parte del otro. Dele esperanza.
Sin embargo, tenga en cuenta que las situaciones siempre deben tener un límite. Si la relación con esta persona está siendo tóxica para usted, si está teniendo un impacto negativo en su vida, y continúa sin querer recibir ayuda, aléjese si puede. Aún cuando pueda resultar muy doloroso, esto es preferible a que usted se enferme también.
Dra. Virginia Rojas Albrieux

domingo, 27 de junio de 2010

Neurofeedback, anticonvulsivo natural

Neurofeedback, también denominado EEG biofeedback o Neuroterapia, es un tratamiento complementario utilizado en condiciones psiquiátricas tales como el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, trastorno de ansiedad generalizado, trastorno de estrés postraumático, fobias, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno bipolar, depresión y trastornos afectivos, autismo y adicciones (Moore, 2000; Rosenfeld, 2000; Trudeau, 2000).
En una entrevista con el Psychiatric Times, el Dr. Siegfried Othmer, Ph.D. director científico del EEG Institute y presidente del Brian Othmer Foundation, describió el Neurofeedback como “neuroregulación de los ámbitos de tiempo y frecuencia a través del uso de condicionamiento operante bioeléctrico.” Neurofeedback es una forma de electroterapeútica innovadora que complementa las intervenciones neuroquímicas de los trastornos del estado de ánimo. Dice Othmer que con el uso de los anticonvulsivos como reguladores del estado de ánimo, hemos visto una convergencia de la psiquiatría y la neurología con el campo de la farmacología. De igual forma, Neurofeedback actúa estabilizando el cerebro al reforzarlo por el sostenimiento de estados particulares, y, en esta medida, funciona como un anticonvulsivo natural.
La lógica para utilizar neurofeedback como terapia es que corrige deficiencias en la función regulatoria cerebral que están relacionadas con la activación del sistema nervioso central en general, la atención, la vigilancia y la emoción (Othmer et al., 1999).
Durante las sesiones de Neurofeedback, los pacientes aprenden a producir patrones de ondas cerebrales deseables que son desplegadas en una pantalla de computador mediante el control de la actividad de un juego computarizado en un segundo monitor.
Neurofeedback representa una ventana de oportunidad para evaluar y cambiar el estado cerebral, cualquiera sea este (Manchester et al., 1998).
Información tomada del Psychiatric Times, Vol. 19 No. 2 y traducida por la Dra. Virginia Rojas Albrieux, psicológa, especialista en Neurofeedback y entrenada por los doctores Othmer en el EEG Institute.