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miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Qué es el trauma temprano y cuáles sus consecuencias?

  
Las ciencias dedicadas al estudio del cerebro investigan cada vez más sobre la incidencia del trauma en el desarrollo de los individuos. Según el prestigioso psiquiatra holandés Bessel van der Kolk las vivencias traumáticas durante la infancia son la raíz del trastorno de personalidad conocido como borderline (o trastorno límite de personalidad), el trastorno afectivo bipolar y de muchos casos mal diagnosticados como TDAH o déficit de atención.

El trastorno traumático del desarrollo, o del trauma temprano, puede iniciarse en el útero y hasta aproximadamente los tres años. Es esta la etapa en que las personas son más vulnerables. Esta fase es preverbal y anterior a la memoria explícita, lo  que quiere decir que el sujeto no recordará sus experiencias conscientemente ni podrá referirse a ellas.

El trauma temprano siempre se enmarca en el contexto de una relación. No hay un incidente traumático específico, sino que se trata de un proceso relacional continuo fallido. Es diferente del estrés postraumático (TEPT), donde hay un hecho detonante, por ejemplo, una violación sexual o una herida de guerra. El trauma temprano está engranado en el tejido cerebral y visceral de quien lo padeció, sin una causa evidente. Su origen son los inconvenientes que se presentaron en las relaciones entre el niño y sus cuidadores primarios, con los cuales “debía” formar el apego.

Las víctimas de traumas del desarrollo presentan síntomas como: dificultades para concentrarse o para regular sus sentimientos; ira crónica, miedo y ansiedad, desprecio y agresión hacia sí mismas u otros y comportamientos autodestructivos.

Debido a que el trauma del desarrollo sucede antes de que nuestro cerebro pensante entre “en línea”, el cuerpo es forzado a almacenar todos los recuerdos como una experiencia somática, lo cual lo convierte, de acuerdo con Van der Kolk, en un organismo aterrorizado, en donde el sistema inmunológico, el sistema de hormonas del estrés y la percepción del propio cuerpo cambian.

El trauma del desarrollo se basa entonces en el nexo que se construye entre el niño y su(s) cuidador(es) primario(s). Los patrones iniciales de este vínculo dan cuenta de la calidad del procesamiento de la información a lo largo de la vida del individuo. Así, los niños seguros aprenden a confiar en lo que sienten y en cómo comprenden el mundo. Pero cuando los cuidadores están emocionalmente ausentes, son inconsistentes, violentos, intrusivos o descuidados los niños están sujetos a volverse angustiados y difícilmente logran desplegar un sentido en el que el ambiente externo sea capaz de proveerles alivio.

De este modo, los niños con patrones de apego inseguro tienen problemas para confiar en otros para ser ayudados y son incapaces de regular sus estados emocionales de manera autónoma. Como resultado, experimentan ansiedad excesiva, ira y ansia por ser cuidados. Tan extremos pueden ser estos sentimientos, que es posible que se precipiten estados disociativos o autoagresiones.

La Asociación Americana de Psicología aún no ha incluido el trastorno traumático del desarrollo en su Manual de diagnóstico y estadísticas de los trastornos mentales, argumentando que “hay poca evidencia [de] que las experiencias infantiles adversas sean un problema considerable”; lo anterior a pesar de que el Dr. Van der Kolk presentó datos de investigación de 200.000 niños alrededor del mundo para confirmar esta condición como diagnóstico.

Es posible tratar este trastorno con ayuda de un profesional calificado, y cuanto antes el padre de familia busque ayuda, mejor. La continuación a largo plazo del trauma del desarrollo podría desembocar en niveles de manipulación y violencia crecientes, amedida que el niño se aproxima a la adolescencia.

Es imperativo que los cuidadores comprendan las vulnerabilidades del niño, mientras mantienen el control de la relación, de manera que él no asuma que debe hacerlo para poder sentirse a salvo.


lunes, 24 de agosto de 2015

11 Señales de que un niño podría estar desarrollando un trastorno psiquiátrico

Un grupo de expertos en salud mental en Estados Unidos, alarmados por el número de niños enfrentando trastornos psiquiátricos no diagnosticados, ha formulado una lista de 11 señales o signos de que un niño podría tener una enfermedad mental.

La intención es separar signos de alarma de los típicos cambios de humor y comportamientos disruptivos ocasionales – conducta desafiante, agresiva e impulsividad.

El grupo - quien realizó un estudio para definir la lista - fue liderado por el psiquiatra Peter Jensen, de la Clínica Mayo.

Los siguientes son las 11 señales de alerta a la que los padres deberían estar atentos: 
  •   Sentirse muy triste o verse retraído por dos o más semanas
  •   Estar intentando hacerse daño, o elaborando planes para hacerlo
  •   Súbito miedo desbordante sin razón aparente, en ocasiones acompañado de            palpitaciones o respiración acelerada
  •   Involucrarse en múltiples peleas, utilizar un arma, o querer herir a otros
  •   Comportamiento muy fuera de control que puede llevar a hacerse daño o a hacerle  daño a otros
  •   No comer, vomitar o utilizar laxantes para perder peso
  •   Preocupaciones o miedos intensos que entorpecen las actividades diarias
  •   Dificultad extrema para concentrarse o para quedarse quieto que implica un peligro  físico o cause fracaso escolar
  •   Uso repetido de drogas o alcohol
  •   Cambios de humor severo que genera problemas en las relaciones
  •   Cambios drásticos en comportamiento o personalidad

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Cerebro y Enfermedad

                

El rol del cerebro sobre nuestra calidad de vida es, en general, bastante ignorado por el campo de la medicina. Si bien cada vez es más claro, con la evolución de las neurociencias, el impacto que este tiene sobre todos los ámbitos de nuestra vida -ya que es quién maneja y determina nuestra dimension física, emocional, mental, y nuestro comportamiento (si esto pudiese acaso compartimentalizarse)- la importancia del cerebro es relegado a un plano inferior. Lo anterior en mi opinion tiende a ser cierto, a menos que el profesional no tenga explicación para una dolencia física, en cuyo caso podría afirmar que “solo está en nuestra cabeza”! Acaso esta explicación es poca cosa? O quiere decir que no existe? Resulta que entre el 60 y el 90% de las condiciones físicas que nos llevan a visitar al médico son inducidas por el estrés, o por condiciones mente/cuerpo.

Nuestro bienestar físico se apoya ampliamente en qué tan bien nuestro sistema inmunológico puede enfrentarse a los desafíos que nos imparte el medio (interno y externo). Pero resulta que las situaciones de nuestra vida psicológica generan estados que bien favorecen o desfavorecen nuestra fisiología. Dicho en otras palabras, nuestro estado mental y emocional tienen una influencia significativa en el desempeño de nuestro sistema inmunológico, que es el defensor de nuestro cuerpo físico.

Y el intermediario es el cerebro. Cuando emocionalmente nuestra condición es desfavorable, somos catapultados hacia estados ”neuropsicoendocrinofisiologicos” hiperactivados. La respuesta al trauma entorpece al cerebro de jugar un rol de apoyo hacia la movilización de nuestro sistema inmunológico para que contrarreste una posible amenaza.


Por estos días me contó una paciente, sorprendida, que un médico le había explicado que los problemas del sistema gástrico estaban muy asociados a la vida emocional del paciente. La verdad es que no es frecuente que un medico mencione el papel de las emociones en nuestra salud física. Pero seguramente la medicina va a tener que ir hacienda un viraje hacia una mirada más holística del ser humano.

viernes, 6 de enero de 2012

El Cerebro en Equilibrio

Nuestro cerebro determina quienes somos y controla nuestro funcionamiento en el mundo. Dirige todos nuestros comportamientos intelectuales, emocionales, mentales y físicos. Pero el funcionamiento de nuestro cerebro frecuentemente puede entrar en desequilibrio y desregulación, por un sinnúmero de causas: genéticas, estrés (el mal del siglo), enfermedades o lesiones, traumas emocionales, nutrición inadecuada, exposición a substancias tóxicas, etc. Todas estas causas pueden contribuir a un funcionamiento deficiente, que puede resultar en una amplia variedad de síntomas tanto cognitivos, como emocionales, comportamentales, problemas de sueño, dolor, o manifestarse como diferentes síndromes, trastornos, etc.
Neurofeedback puede ayudarnos con estas situaciones.
Cualquier cosa que hagamos en nuestras vidas, requiere de entrenamiento para hacerlo bien. Podemos ejercitar nuestro cuerpo para desempeñarnos mejor, y el cerebro no es la excepción. Un cerebro desregulado puede regularse y un cerebro balanceado puede ser entrenado para desempeñarse aún mejor. A través de tecnología podemos mostrarle a su cerebro como este puede desempeñarse mejor, y aliviar así, los síntomas que nos aquejan.

jueves, 5 de mayo de 2011

Enfermedades neurológicas, condiciones psiquiátricas y alimentación

El cerebro humano demanda una gran cantidad de energía y flujo sanguíneo para funcionar óptimamente. Es por esta misma razón que es altamente vulnerable a lo que se denomina el estrés oxidativo. Los procesos electroquímicos involucrados en la actividad cerebral generan químicos denominados radicales libres, responsables del proceso de oxidación o estrés oxidativo.
Para contrarrestar el estrés oxidativo, el cerebro posee un sistema de defensas antioxidantes, el cual combate los radicales libres, tanto destruyéndolos como previniendo su formación. Esto es un proceso natural del organismo y, si se quiere, un proceso adaptativo; sin embargo, las cosas se complican cuando la producción de radicales libres desborda la capacidad de defensa del sistema, o cuando el sistema está trabajando sobre la base de una alimentación de baja calidad, o baja en antioxidantes. Esta situación influye negativamente sobre, nada más y nada menos que: el proceso de envejecimiento y las condiciones neurodegenerativas. Resulta que recientes estudios asocian el estrés oxidativo con enfermedades neurológicas y condiciones psiquiátricas, específicamente con: el Alzheimer, la esclerosis lateral amiotrófica, los trastornos de ansiedad, el déficit de atención con hiperactividad, el autismo, el síndrome de fatiga crónica, la demencia, la depresión, la fibromialgia, la enfermedad de Hungtington, la esclerosis múltiple, la esquizofrenia, y en general se reconoce que tiene un efecto nocivo sobre el comportamiento y la cognición, por alterar el funcionamiento de las células cerebrales.
El bajo consumo en nuestra dieta de alimentos protectores tales como las frutas, los vegetales, los granos enteros y la fibra, y algunas bacterias benéficas halladas en ciertos alimentos, conlleva a daño celular porque los radicales libres deterioran por oxidación, componentes de las células cerebrales y, aún más trascendental, dañan nuestro material genético (ADN).
Los antioxidantes alimenticios ayudan a frenar el daño celular y preservan una función cerebral óptima, en el presente y para el futuro. El estrés oxidativo y la falta de antioxidantes en la dieta está asociada a bajos niveles de energía, e interfiere con las funciones cognitivas.
Un paso hacia el mejoramiento de nuestro sistema de defensas antioxidantes consiste en una buena ingesta de alimentos antioxidantes para combatir los radicales libres e influir positivamente sobre las células cerebrales. Una dieta rica en muchos colores de verduras y frutas es altamente recomendable. De 5 a diez porciones diarias es la dosis indicada. Por otro lado, las nueces, la canela, los clavos, la mostaza y el chili también poseen una altísima actividad antioxidante. Las hierbas culinarias como la albahaca, el orégano, y el perejil son poderosos antioxidantes, al igual que el chocolate negro (en moderación por ser muy calórico). Adicionalmente, el aceite esencial Omega 3 (cuya forma de consumo más fácil es a través de suplementos de este producto), tienen unas altísimas propiedades antioxidantes, junto con la cúrcuma (especia), el jengibre, y el té verde. El café también es un gran antioxidante siempre y cuando no sean más de dos tazas al día y haciendo la salvedad que, algunas personas son sensibles a la cafeína y simplemente no la toleran.
Otra amenaza contra la protección de nuestras células cerebrales y el sostenimiento de un desempeño cerebral óptimo es la inflamación o los procesos inflamatorios (entiéndase este término NO en su concepto tradicional sino, en la actualidad científica, como una serie de condiciones humanas que incluyen la enfermedad cardíaca, la diabetes, la obesidad, y las condiciones psiquiátricas) son promovidos por una falta de antioxidantes en nuestra dieta y un exceso de grasas saturadas, grasas trans, azúcares y carbohidratos simples (por ejemplo, azúcar refinada, arroz blanco, harina de trigo, cereales de caja, etc.) y omega 6 (presente por ejemplo en los aceites de maíz, girasol y soya).
El estrés oxidativo y la inflamación contribuyen a la evolución de condiciones relacionadas con el cerebro. La buena noticia es que el cuerpo humano puede extinguir los radicales libres y la inflamación por medio de la alimentación.
Una dieta colorida con vegetales, frutas, granos enteros, y omega 3 nos suministran abundantes antioxidantes y grasas “buenas” que apagan las llamas de la inflamación. Métodos de cocción diferentes a freír los alimentos son los más sanos. Evitar los alimentos muy procesados o llenos de endulzantes nos ayudan a mantener a raya el desenvolvimiento de procesos químicos indeseables en nuestro organismo. No olvide incluir en su dieta hierbas y especias como la canela, la cúrcuma, el jengibre, y un par de tazas de café o té verde, todos guardianes de nuestras células cerebrales.

Virginia Rojas Albrieux