Cuando nuestro cerebro está funcionando bien, nosotros funcionamos bien. Cuando nuestro cerebro presenta problemas en su funcionamiento, es difícil ser “uno mismo”. La calidad de nuestra función cerebral está asociada a la calidad de nuestras decisiones, actuaciones, y conexiones emocionales en nuestras vidas.
Existen diferencias entre los comportamientos dirigidos por nuestra voluntad, y los comportamientos dirigidos por el cerebro: El comportamiento dirigido por la voluntad, se deriva de un cerebro sano, a través del cual ejercemos una elección consciente sobre una situación, en función de nuestros intereses. El comportamiento basado en la voluntad tiene una dirección hacia un objetivo y es productivo. Nos ayuda a cumplir nuestras metas.
Un cerebro cuyo funcionamiento está de alguna manera, comprometido, tiende a presentar dificultades en diferentes áreas de la vida. Un ejemplo extremo de esto es la enfermedad de Alzheimer. Las personas que sufren de esta condición no tienen acceso a su verdadero ser ni a su voluntad libre, porque sus cerebros presentan un severo deterioro en su función y frecuentemente en su comportamiento. Por esta razón, pueden pasar de ser, por ejemplo, personas amables, suaves y correctas, a ser irracionales, furiosas y conflictivas.
El comportamiento dirigido por el cerebro ocurre cuando este “secuestra” a la voluntad, y ocasiona que el actuar de la persona se torne poco cooperador o incluso francamente destructivo.
Sin ir más lejos, ¿cuántas veces nuestro hijo con déficit de atención nos promete con toda determinación “no volver a hacer” algún comportamiento que es inapropiado, y poco tiempo después lo repite? No es ni falta, ni mala voluntad del niño; probablemente el niño está haciendo lo mejor que puede a partir de cómo está funcionando su cerebro en cada momento.
Otros ejemplos de casos con comportamientos potencialmente dirigidos por el cerebro son las personas que padecen de trastornos obsesivo compulsivos, Tourette, o los adictos a las drogas. Una persona con un trastorno obsesivo compulsivo sabe que sus pensamientos o conductas son irracionales, sin embargo, simplemente no puede dejar de hacerlo. Una persona con Tourette puede intentar suprimir los tics, sin embargo, estos se van represando hasta que finalmente deben expresarse. El abuso de drogas o de alcohol con frecuencia se sale de control, a pesar de que el adicto sufre de intensa vergüenza y desprecio hacia si mismo. La adicción literalmente ha secuestrado su cerebro.
Si el cerebro es el órgano del comportamiento y de la libre elección, y la función cerebral está comprometida, entonces es obvio que no todas las personas tenemos el mismo nivel de voluntad y determinación. Con frecuencia las personas sobrevaloran el poder de la voluntad o de la determinación de otros o de si mismos. Piensan que se puede actuar de una manera diferente de la que se hace a fuerza de dicha voluntad. Cuando el funcionamiento de nuestro cerebro está “saboteándonos”, necesitamos revisar nuestro estilo de vida, y buscar apoyo a través de tratamientos e intervenciones apropiadas, que mejoren su funcionamiento. Nuestro cerebro importa y cuidar de él debe ser parte de nuestras vidas.
Virginia Rojas Albrieux
MÉTODO OTHMER DE NEUROFEEDBACK Dirigido por la Dra. Virginia Rojas Albrieux, Psicóloga, especialista en Neurofeedback. Tratamientos No Invasivos para ansiedad, depresión, rendimiento óptimo, déficit de atención, rendimiento escolar,hiperactividad, insomnio, espectro del autismo, estrés, migraña, trauma craneoencefálico, fibromialgia, epilepsia, estrés postraumático y otros.
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martes, 26 de abril de 2011
La conducta dirigida por el cerebro versus la conducta dirigida por la voluntad
sábado, 30 de octubre de 2010
Cuando buscar Ayuda
Una persona debería buscar ayuda profesional para ellos mismos o para un ser querido cuando sus comportamientos, sentimientos, pensamientos, o recuerdos (todas funciones del cerebro) interfieren con su habilidad para desplegar su potencial en el ámbito de sus relaciones, su trabajo, o en el colegio. Si estamos experimentando dificultades recurrentes en nuestras relaciones (padre-hijo, hermano, amigos, pareja), es hora de buscar ayuda. Si tenemos problemas que persisten en el colegio o en el trabajo, relacionados con la memoria, el estado de ánimo, el comportamiento, o los pensamientos, es hora de buscar ayuda profesional. Si tenemos comportamientos impulsivos, tomamos recurrentemente elecciones equivocadas, o la ansiedad nos está creando problemas económicos, es hora de buscar ayuda.
Busque un profesional con quien haga empatía, que sea de mente abierta, que esté actualizado, y dispuesto a ensayar cosas nuevas. Debe ser alguien que lo trate con respeto, que escuche sus preguntas y responda a sus necesidades, y donde se pueda dar una relación de colaboración. El clínico es esencial dentro de un proceso de sanación.
El orgullo y la negación muchas veces se interponen en la búsqueda de ayuda porque muchos tiene el paradigma de que hay que ser “fuertes” y salir adelante solos; pero realmente requiere de más valor y fortaleza tomar la decisión de buscar ayuda. Otro paradigma que se presenta con fuerza es el estigma de la “enfermedad mental”. Las personas no quieren ser vistas como locas, estúpidas, o defectuosas, y por esto no buscan la ayuda que necesitan, hasta que ya no pueden tolerar más dolor y sufrimiento. Muchas personas no son conscientes de que los problemas psiquiátricos son problemas cerebrales, y los califican equivocadamente como problemas de debilidad de carácter. Los hombres, en especial están muy afectados por este paradigma.
Para ayudar a una persona que no es consciente de su problema, o que esta reacio a recibir ayuda, dígale cuales son los comportamientos que a usted le preocupan, y explíquele que estos problemas pueden deberse a patrones cerebrales subyacentes que podrían ser resueltos. Dígale que existe ayuda disponible, no para curar un defecto, sino para optimizar el funcionamiento de su cerebro. Manifiéstele que usted sabe que él está haciendo lo mejor que puede, pero que su comportamiento, sus pensamientos, o sus sentimientos podrían estar afectando su éxito en el trabajo, en las relaciones, o su relación consigo mismo. Enfatice el concepto de mejor funcionamiento y no de defecto. Dele información. Apóyese en artículos, libros, videos, etc. Una información presentada con un enfoque positivo puede ser muy persuasivo.
Si luego de haber probado todo lo anterior, la persona sigue resistente, deje ideas sembradas acerca de buscar ayuda, y aliméntelas regularmente. Suelte una idea, un artículo, u otra fuente de información acerca del tópico que nos atañe, de vez en cuando, sin tornarnos muy intensos. Proteja la relación con esta persona, de manera que se mantenga la confianza y la cercanía. Eso permitirá una mayor apertura por parte del otro. Dele esperanza.
Sin embargo, tenga en cuenta que las situaciones siempre deben tener un límite. Si la relación con esta persona está siendo tóxica para usted, si está teniendo un impacto negativo en su vida, y continúa sin querer recibir ayuda, aléjese si puede. Aún cuando pueda resultar muy doloroso, esto es preferible a que usted se enferme también.
Dra. Virginia Rojas Albrieux
Busque un profesional con quien haga empatía, que sea de mente abierta, que esté actualizado, y dispuesto a ensayar cosas nuevas. Debe ser alguien que lo trate con respeto, que escuche sus preguntas y responda a sus necesidades, y donde se pueda dar una relación de colaboración. El clínico es esencial dentro de un proceso de sanación.
El orgullo y la negación muchas veces se interponen en la búsqueda de ayuda porque muchos tiene el paradigma de que hay que ser “fuertes” y salir adelante solos; pero realmente requiere de más valor y fortaleza tomar la decisión de buscar ayuda. Otro paradigma que se presenta con fuerza es el estigma de la “enfermedad mental”. Las personas no quieren ser vistas como locas, estúpidas, o defectuosas, y por esto no buscan la ayuda que necesitan, hasta que ya no pueden tolerar más dolor y sufrimiento. Muchas personas no son conscientes de que los problemas psiquiátricos son problemas cerebrales, y los califican equivocadamente como problemas de debilidad de carácter. Los hombres, en especial están muy afectados por este paradigma.
Para ayudar a una persona que no es consciente de su problema, o que esta reacio a recibir ayuda, dígale cuales son los comportamientos que a usted le preocupan, y explíquele que estos problemas pueden deberse a patrones cerebrales subyacentes que podrían ser resueltos. Dígale que existe ayuda disponible, no para curar un defecto, sino para optimizar el funcionamiento de su cerebro. Manifiéstele que usted sabe que él está haciendo lo mejor que puede, pero que su comportamiento, sus pensamientos, o sus sentimientos podrían estar afectando su éxito en el trabajo, en las relaciones, o su relación consigo mismo. Enfatice el concepto de mejor funcionamiento y no de defecto. Dele información. Apóyese en artículos, libros, videos, etc. Una información presentada con un enfoque positivo puede ser muy persuasivo.
Si luego de haber probado todo lo anterior, la persona sigue resistente, deje ideas sembradas acerca de buscar ayuda, y aliméntelas regularmente. Suelte una idea, un artículo, u otra fuente de información acerca del tópico que nos atañe, de vez en cuando, sin tornarnos muy intensos. Proteja la relación con esta persona, de manera que se mantenga la confianza y la cercanía. Eso permitirá una mayor apertura por parte del otro. Dele esperanza.
Sin embargo, tenga en cuenta que las situaciones siempre deben tener un límite. Si la relación con esta persona está siendo tóxica para usted, si está teniendo un impacto negativo en su vida, y continúa sin querer recibir ayuda, aléjese si puede. Aún cuando pueda resultar muy doloroso, esto es preferible a que usted se enferme también.
Dra. Virginia Rojas Albrieux
jueves, 9 de septiembre de 2010
Los Pensamientos Automáticos Negativos
Su cuerpo no sabe la diferencia entre las cosas que usted imagina y las cosas que realmente experimenta. Para verificar esto, usted puede por ejemplo recordar (imaginar) una escena de una película de terror que haya visto, y podrá notar como el ritmo de su corazón se acelera. O al contrario, puede ensayar imaginar que se encuentra en una hermosa playa en un cálido día, disfrutando del sol, y su cuerpo comenzará a relajarse y su respiración desacelerará.
Los seres humanos constantemente estamos hablándonos a nosotros mismos, y el contenido de dicho dialogo interior es generalmente negativo. Solemos engancharnos en un constante parloteo lleno de consejos, deseos, críticas, etc., y luego de habernos dicho algo lo suficiente, terminamos creyéndolo.
Rara vez nos detenemos a cuestionarnos acerca de nuestros propios pensamientos, y nuestras emociones usualmente le hacen el acompañamiento. Los pensamientos muchas veces se nos vuelven “profecías autocumplidas” o “sesgos confirmatorios”.
El primer paso para reconocer sus pensamientos automáticos negativos es identificarlos en situaciones específicas. ¿Tienen un patrón específico?, ¿un estilo?, ¿suelen ser persistentemente exagerados o distorsionan la situación? suele culparse a usted mismo con frecuencia frente a una determinada situación?
La próxima vez que usted este frente a una situación dentro de la cual siente que va a explotar: Pare, respire profundamente, suelte la tensión de su cuerpo, y reflexione: ¿Qué está pasando? ¿Porqué estoy tan estresado? ¿Es esto realmente un asunto “de vida o muerte”? ¿Qué es lo peor que podría suceder en esta situación? ¿Preocuparme solucionará algo? Tome conciencia de cómo estos pensamientos automáticos negativos son con frecuencia exagerados o irracionales. Estos pensamientos automáticos negativos se le llaman dentro de la psicología positiva “distorsiones cognitivas”. Hay muchas clases de distorsiones cognitivas. Las más comúnes son:
-“Todo o nada”: Es cuando evaluamos las situaciones en forma extremo, en “blanco y negro”. Es la base del perfeccionismo, donde cualquier error o imperfección es interpretado como un signo de fracaso total.
-“Sobregeneralización”: Tuvimos una entrevista de trabajo que no resultó en una oferta, y esto nos genera miedo a toda una vida de desempleo.
-“Filtro mental”: Se enfoca en un detalle negativo dentro de una situación, y percibe toda la situación como negativa.
- Tendencia a transformar experiencias que son neutrales o incluso positivas en negativas.
-“Sacar conclusiones”: Puede ser que se anticipe a que las cosas van a resultar de forma negativa, como si usted tuviese “facultades adivinatorias” o asume que alguien está reaccionando negativamente a usted sin verificar, como si pudiese “leer la mente”.
-“Las afirmaciones con “Yo debería”, “El debería”, etc. nos generan resentimiento, presión, y nos desmotivan.
Etc., etc., etc.
Cada vez que usted se haga consciente de que surgen estas creencias irracionales, o pensamientos ilógicos, desafíe estos patrones y “deles la vuelta”, rételos, confróntelos, póngalos en perspectiva, aterrice estos pensamientos y dese cuenta que son distorsiones o exageraciones de la realidad. Al cambiar nuestros pensamientos automáticos negativos estamos cambiando también nuestro estado de ánimo, nuestros sentimientos, así como también nuestra fisiología y comportamiento.
Los seres humanos constantemente estamos hablándonos a nosotros mismos, y el contenido de dicho dialogo interior es generalmente negativo. Solemos engancharnos en un constante parloteo lleno de consejos, deseos, críticas, etc., y luego de habernos dicho algo lo suficiente, terminamos creyéndolo.
Rara vez nos detenemos a cuestionarnos acerca de nuestros propios pensamientos, y nuestras emociones usualmente le hacen el acompañamiento. Los pensamientos muchas veces se nos vuelven “profecías autocumplidas” o “sesgos confirmatorios”.
El primer paso para reconocer sus pensamientos automáticos negativos es identificarlos en situaciones específicas. ¿Tienen un patrón específico?, ¿un estilo?, ¿suelen ser persistentemente exagerados o distorsionan la situación? suele culparse a usted mismo con frecuencia frente a una determinada situación?
La próxima vez que usted este frente a una situación dentro de la cual siente que va a explotar: Pare, respire profundamente, suelte la tensión de su cuerpo, y reflexione: ¿Qué está pasando? ¿Porqué estoy tan estresado? ¿Es esto realmente un asunto “de vida o muerte”? ¿Qué es lo peor que podría suceder en esta situación? ¿Preocuparme solucionará algo? Tome conciencia de cómo estos pensamientos automáticos negativos son con frecuencia exagerados o irracionales. Estos pensamientos automáticos negativos se le llaman dentro de la psicología positiva “distorsiones cognitivas”. Hay muchas clases de distorsiones cognitivas. Las más comúnes son:
-“Todo o nada”: Es cuando evaluamos las situaciones en forma extremo, en “blanco y negro”. Es la base del perfeccionismo, donde cualquier error o imperfección es interpretado como un signo de fracaso total.
-“Sobregeneralización”: Tuvimos una entrevista de trabajo que no resultó en una oferta, y esto nos genera miedo a toda una vida de desempleo.
-“Filtro mental”: Se enfoca en un detalle negativo dentro de una situación, y percibe toda la situación como negativa.
- Tendencia a transformar experiencias que son neutrales o incluso positivas en negativas.
-“Sacar conclusiones”: Puede ser que se anticipe a que las cosas van a resultar de forma negativa, como si usted tuviese “facultades adivinatorias” o asume que alguien está reaccionando negativamente a usted sin verificar, como si pudiese “leer la mente”.
-“Las afirmaciones con “Yo debería”, “El debería”, etc. nos generan resentimiento, presión, y nos desmotivan.
Etc., etc., etc.
Cada vez que usted se haga consciente de que surgen estas creencias irracionales, o pensamientos ilógicos, desafíe estos patrones y “deles la vuelta”, rételos, confróntelos, póngalos en perspectiva, aterrice estos pensamientos y dese cuenta que son distorsiones o exageraciones de la realidad. Al cambiar nuestros pensamientos automáticos negativos estamos cambiando también nuestro estado de ánimo, nuestros sentimientos, así como también nuestra fisiología y comportamiento.
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