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domingo, 11 de octubre de 2015

La Verdad acerca de los Niños con Déficit de Atención

No se trata de que el niño es “necio”, o que no se esfuerza lo suficiente. Sus comportamientos, como todos los comportamientos, son el producto de eventos fisiológicos en su cerebro, los cuales son difíciles de modular a punta de buenas intenciones. Y mucho menos se van a corregir mediante regaños y castigos permanentes de los padres u otras figuras de autoridad.

En el Instituto Colombiano de Neurofeedback frecuentemente escuchamos las quejas de padres y madres acerca de sus hijos ... “mi hijo nunca sabe qué tareas tiene”, “a mi hija se le olvida traer los libros que necesita para hacer sus trabajos en casa”, “estoy cansada de que me citen en el colegio para hablar sobre el mal comportamiento de mi hijo en clase”,  “los profesores siempre se quejan de su falta de atención y que distrae a los otros niños”, “mi hijo se frustra fácilmente y se pone furioso”, “mi hija necesita monitoreo permanente para llevar a cabo cualquier rutina”, etc. 

También es común escuchar que los niños suelen disculparse por su actuar y/o comprometerse a que no repetiran su “mal” comportamiento, para al día siguiente volver a cometer los mismos errores. Esto, de manera entendible, angustia a los padres quienes lo toman como una afrenta, un acto de desafio, o como falta de voluntad por parte del niño.

La verdad es que los niños con déficit de atención, u otras condiciones que afectan su actuar, ni están buscando ofender a sus figuras de autoridad, ni les falta voluntad.

Ellos realmente quisieran comportarse distinto y ser más asertivos. Pero el déficit de atención es una condición neurológica y por ende, sobrepasa y desborda la voluntad.

Los primeros pasos para apoyarlos es tener clara esta realidad y amarlos incondicionalmente.


miércoles, 6 de agosto de 2014

No Siempre es Déficit de Atención…

No todo lo que parece un trastorno de déficit de atención (TDA/TDAH) lo es, y sin embargo frecuentemente medicamos a nuestros niños como si lo fuera. Ojo!
En los Estados Unidos, el número de niños diagnosticados con TDA/TDAH se ha incrementado en un 42% en los últimos ocho años. De 6.5 millones de niños diagnosticados con TDA/TDAH, 3.5 millones están medicados – el número de niños medicados se ha incrementado en un 28% en los 4 últimos años.
El término “Déficit de Atención” comenzó a utilizarse formalmente a partir de 1987, y a partir de los noventas una compañía farmacéutica en particular comenzó a realizar campañas de “toma de conciencia” de la condición. Estas campañas, basado en los resultados, surtieron efecto: en los Estados Unidos, entre un 11 y un 15% de los niños está diagnosticado con TDA/TDAH y el uso de estimulantes (medicamentos utilizados para tratar este trastorno) ha aumentado 20 veces.
Desafortunadamente, el TDA/TDAH está tan popularizado que muchas veces los profesionales de la salud solo saben acerca de esta condición, y frecuentemente medican dando por hecho que están frente a esta.
Los trastornos de procesamiento auditivo, por ejemplo, bien pueden confundirse con el TDA/TDAH. Si a un niño le cuesta decodificar la palabra hablada, obviamente se mostrará inatento. A estos niños les cuesta atender a códigos verbales y con frecuencia parecen estar “desconectados”.
Otro trastorno a menudo confundido con TDA/TDAH es el trastorno de procesamiento sensorial. Esta condición es especialmente pasada por alto debido a que es difícil de comprender por aquellos que no lo padecemos. Se podría ilustrar como una exacerbada sensibilidad a cosas como las marquillas de la ropa, o las costuras de las medias. Cuando esto sucede, estamos prestando muchísima atención a esta sensación perdiendo de vista otras situaciones circundantes que pueden ser importantes. Es común que los niños con esta condición sufran de desasosiego, y posiblemente de hiperactividad.
Los trastornos a nivel del desarrollo visual en los niños frecuentemente pasan también inadvertidas. Aquellas situaciones en las que el niño ‘no quiere leer’ o ‘no quiere hacer las trabajos’ de clase, o las tareas, podría ser el resultado de dificultades en el seguimiento visual, en la secuencias visuales, etc. Esto solo lo puede diagnosticar un optómetra.
Por último quisiera comentar que otro tanto de la población, si bien puede tener un compromiso en su atención y nivel de actividad, esto es tan solo una parte de su situación. Hay mucho niños con trastornos emocionales, de conducta y otros, que son la verdadera raíz del problema. Con frecuencia llegan a mi consulta niños con historias de hospitalizaciones durante sus primeros años de vida, de abusos, de abandono, etc. Estos son hechos que afectan profundamente el núcleo de cualquier ser humano, y es este realmente el móvil a considerar y a tratar.
Los medicamentos psiquiátricos (como lo son los estimulantes) nunca son benignos, de manera que hay que estar muy atentos a su uso y abuso!



viernes, 4 de noviembre de 2011

Sobre el Lado Oscuro de la Ritalina y sus efectos a Largo Plazo

El siguiente escrito pretende ser un resumen de varios años de estudios del uso de estimulantes como la Ritalina y otros en niños diagnosticados con déficit de atención y sus efectos a corto y a largo plazo.
En los Estados Unidos 3.5 millones de niños americanos toman estimulantes para el déficit de atención. Según el Centro de Control de Enfermedades en 2007 de este país, uno de cada veintitrés niños americanos entre los 4 y los 17 años están medicados con estas drogas. En Colombia, no existen estadísticas estatales respecto al consumo de Ritalina. A pesar de ser un medicamento de venta restringida en el país, su uso ha aumentado al igual que el debate respecto a sus efectos.
Curiosamente, en los Estados Unidos el déficit de atención se incluyo como una discapacidad en 1991 gracias a las gestiones de CHADD, un grupo de apoyo para pacientes con déficit de atención fundado por la empresa farmaceútica Ciba-Geigy (!). CHADD comenzó a difundir a partir de 1990 que el déficit de atención se debía a un desequilibrio químico caracterizado por un sistema dopaminérgico (del neurotransmisor dopamina) subactivado. Por supuesto, acompañada a esta afirmación, se informaba al público que la Ritalina y otros estimulantes incrementan los niveles de dopamina en los espacios sinápticos (donde se produce la comunicación entre neuronas), y que estas drogas “normalizaban” la química cerebral. Lo que no se publicitaba era que, en 1997, el Textbook de Neuropsychiatry de la American Psychiatric Press confesó que “los esfuerzos por identificar un desequilibrio neuroquímico en niños con déficit de atención han sido decepcionantes”.
Debido a que la biología del déficit de atención aún no se comprende completamente, lo que la Ritalina y otras drogas hacen sobre el cerebro es perturbar los sistemas de los neurotrasmisores, inhibiendo la recaptación de la dopamina. (para que este neurotransmisor permanezca por más tiempo en el espacio sináptico). La cocaína actúa sobre el cerebro de la misma manera. La diferencia con la Ritalina es que la cocaína se despeja más rápidamente y por esto es de más corta duración, haciendo que el adicto quiera experimentar nuevamente el estado eufórico. La Ritalina o metilfenidato por su parte se despeja en forma más lenta.
En respuesta al metilfenidato , el cerebro del niño sufre una serie de adaptaciones compensatorias. Debido a que ahora la dopamina está permaneciendo por períodos de tiempo muy largos (a consecuencia de la Ritalina), el cerebro del niño disminuye su producción de este neurotransmisor. El cerebro está ahora trabajando en una modalidad tanto cuantitativa como cualitativamente diferente al estado normal.
Por supuesto que la Ritalina y otras drogas utilizadas en el déficit de atención cambian la conducta del niño. Según un estudio del psicólogo Herbert Rie en 1978 con veintiocho niños con déficit de atención en tratamiento con Ritalina, estos se observaron durante la evaluación, “planos” emocionalmente, y carentes de variedad y frecuencia de expresión emocional propia de la edad. Respondían menos, exhibían menos o ninguna iniciativa o espontaneidad, manifestaban muy pocas indicaciones de interés o aversión, mostraban nula curiosidad, sorpresa, o placer y se les veía carentes de humor. Las situaciones graciosas o comentarios jocosos les pasaban desapercibidos. En resumen, mientras los niños estaban bajo tratamiento con estas drogas, estaban relativa, pero indudablemente, indiferentes, carentes de humor y apáticos.
Los niños que están tomando Ritalina, según el psicólogo Russel Barkley (1978), presentan un aumento del juego solitario y una correspondiente reducción en su iniciativa hacia las relaciones sociales. Según la psicóloga Nancy Fiedler (1983) hay una reducción en su curiosidad por el ambiente, y generalmente, según el pediatra Till Davy (1989), “pierden su chispa”. Según un equipo de psicólogos de la Universidad de California (1993), los niños tratados con estimulantes se tornan con frecuencia “pasivos, sumisos, y retraídos socialmente”. El psicólogo James Swanson (1991) describe a algunos de los niños bajo efectos de la droga como que “parecen zombis”. Los editores de el Oxford Textbook of Clinical Psychopharmacology and Drug Therapy explican que los estimulantes frenan la hiperactividad “reduciendo el número de respuestas comportamentales.”
Si bien es cierto que a los maestros y profesores les “funciona” que estos niños tomen estimulantes, la pregunta es si realmente les ayuda a los niños dicho tratamiento. La psicóloga Deborah Jacobvitz (1990) reportó que los niños tomando Ritalina se catalogaban como “menos felices y menos satisfechos con ellos mismos y más disfóricos (cambios repentinos y transitorios del estado de ánimo, tales como sentimientos de tristeza, pena, y/o angustia). Jacobvitz dice también que cuando se trata de ayudar a un niño a hacer amigos y de mantener amistades, los estimulantes producen pocos efectos positivos significativos y una gran incidencia de efectos negativos. Otros investigadores resaltan cómo la Ritalina daña la autoestima de los niños, debido a que estos sienten que deben ser “malos” o “tontos” si necesitan tomar una pastilla. El psicólogo Alan Sroufe (1973) dice que el niño deja de creer en la salud de su propio cerebro y cuerpo, y en su creciente habilidad para aprender y controlar su comportamiento, para depender de “mi pastilla mágica que me convierte en un niño bueno”.
Por otro lado, algunos investigadores llegaron a la conclusión que tomar Ritalina no ayuda a que los niños hiperactivos que la toman se desempeñen bien en lo académico. Sroufe (1973) explica que la droga ayuda en la ejecución de tareas repetitivas o rutinas que requieran de atención sostenida, pero no mejora ni el razonamiento, ni la resolución de problemas, ni y el aprendizaje; al contrario, pareciera entorpecerse la habilidad para resolver problemas. Es decir, que los estimulantes producen un efecto sobre la manejabilidad en clase, más no en el desempeño académico.
Cuando los investigadores han querido determinar si los estimulantes ofrecen beneficios a largo plazo a los niños con déficit de atención, la conclusión es que no se encuentra ningún beneficio. Al contrario, cuando dejan de tomar la Ritalina, los comportamientos que los caracterizan se han exacerbado (por ejemplo la excitabilidad, la impulsividad y el hablar excesivo)! En una edición del Textbook of Psychiatry de la APA (1994) se admite que “los estimulantes no producen mejoría duradera en la agresividad, el trastorno de conducta, la criminalidad, los logros académicos, el desempeño laboral, las relaciones de pareja, o los ajustes a largo plazo.”
Los estimulantes causan una gran cantidad de efectos adversos tanto físicos, como emocionales y psiquiátricos, que incluyen: mareos, pérdida del apetito, letargo, insomnio, dolores de cabeza, dolor abdominal, anomalías motoras, tics, rechinar de dientes, problemas de la piel, trastornos del hígado, pérdida de peso, supresión del crecimiento, hipertensión, y muerte cardíaca súbita, depresión, ansiedad, apatía, embotamiento general, cambios de humor, crisis de llanto, irritabilidad, sensación de hostilidad frente al mundo, síntomas obsesivo compulsivos, manía, paranoia, episodios psicóticos, y alucinaciones. También se produce una reducción del flujo sanguíneo y del metabolismo de la glucosa en el cerebro.
En conclusión, la Ritalina y sus pares alteran el comportamiento de los niños hiperactivos a corto plazo de una forma en que algunos padres y profesores hayan benéfica; sin embargo estos medicamentos deteriora la vida de ellos de muchas maneras, y pueden tornarlos en adultos con una capacidad reducida de experimentar gozo.

viernes, 22 de enero de 2010

Sobre el Déficit de Atención y Neurofeedback como opción de Tratamiento

El Trastorno de Déficit de Atención (TDA) y el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) pueden entenderse como un déficit en la función regulatoria del cerebro que se manifiesta tanto en la atención, como en el afecto, y en el grado de activación fisiológica de quien lo padece. Se dice que este trastorno afecta tal vez, hasta el 10% de la población (dependiendo de la fuente consultada). También sugieren algunos autores, que existe una coincidencia de hasta un 70% entre el TDA/TDAH y los trastornos de aprendizaje. Y en algunos casos, al TDA/TDAH con trastornos de aprendizaje, se le suman problemas de conducta.
Nuevas evidencias nos indican que existe un fuerte componente genético en este trastorno. Es frecuente ver en consulta, niños con TDA/TDAH cuyos padres nos comentan de “un primito que es igual”, o un tío, o generaciones incluso anteriores, que, no habiendo sido necesariamente diagnosticados, comparten síntomas que bien podrían formar parte de la constelación llamada TDA/TDAH. Se sabe también que es de 4 a 6 veces más común este diagnóstico entre hombres que entre mujeres.
Dentro del TDA/TDAH podemos encontrar varios subtipos, tres básicamente, que se derivan de determinados patrones de comportamiento. Estos son: subtipo distraído/desatento, subtipo impulsivo/hiperactivo, y subtipo combinado. Sin embargo, la experiencia clínica nos muestra, que con frecuencia, a este diagnóstico se le suman un gran número de conductas adicionales, las cuales, de exceder ciertos límites, se podrían diagnosticar como: trastorno negativista-desafiante (el sujeto que no sigue las reglas, y no cree en la importancia de estas), trastorno de conducta, síndrome de Tourette, trastorno de ansiedad, depresión, manía, trastorno bipolar y trastorno convulsivo. Sin embargo, muchas de estas conductas y otras más, en ocasiones, y siendo más la regla que la excepción, se manifiestan a un nivel subclínico (es decir, que no alcanzan un nivel suficientemente elevado como para ser clasificadas como trastorno). Pueden estas ser: manifestaciones de ansiedad, de depresión, problemas de conducta, comportamientos obsesivos, comportamientos de desafío o de oposición, tics, problemas de sueño, dolores crónicos, ciertas dificultades de aprendizaje, problemas de eliminación (incapacidad como resultado de la inmadurez fisiológica o psicológica para mantener control de esfínteres), etc. Desafortunadamente, también se ha encontrado una incidencia mayor de abuso de substancias entre la población con TDA/TDAH, que en la que no lo sufre. Dichas condiciones, como ya se dijo, son tan frecuentes en personas con TDA y TDAH, que podemos concluir que toda esta gran multitud de síntomas pueden considerarse como parte del trastorno. Esto tiene lógica, si retomamos la tesis de que este trastorno presenta una especie de desorden en la función regulatoria cerebral. Es un problema funcional, y tiene que ver con la forma como el cerebro organiza y administra el grado de activación del sistema nervioso central, la atención y el afecto. Dicho desorden o desregulación explicaría entonces porqué el TDA/TDAH no se manifiesta como un pequeño conjunto de comportamientos, sino más bien como una constelación de múltiples síntomas y trastornos que se expresan en forma variada a través de diferentes constituciones.
A través de Neurofeedback, podemos normalizar la función regulatoria del cerebro sin la ayuda de fármacos. Neurofeedback interviene sobre la desregulación cerebral, por lo que es eficaz para todo el abanico de síntomas que puede comprender el TDA/TDAH. Funciona como una especie de ejercicio donde el cerebro aumenta su habilidad para regular y administrar sus ritmos regulatorios en forma autónoma. Dichos ejercicios, habiéndose llevado a cabo por un determinado lapso de tiempo, culminan en una sustancial mejora de la auto-regulación; son retos externos que se le imponen al cerebro y que logran que este retorne al equilibrio y libere de esta manera todo su potencial. Este tratamiento, o entrenamiento, es No invasivo y perdura en el tiempo, porque una vez el cerebro ha aprendido a funcionar de una manera más eficiente, no retorna a sus viejos patrones; por el contrario, mediante el uso y práctica continua, el nuevo proceso se afianza cada vez más, multiplicando sus frutos sobre la atención, el grado de activación fisiológica y el afecto.
Entre las ventajas del entrenamiento con Neurofeedback sobre los fármacos (por ejemplo, estimulantes tipo ritalina, antidepresivos o anticonvulsivos, que son por lo general los elegidos para tratar el TDA/TDAH y sus síntomas acompañantes) están:
1) Los beneficios con Neurofeedback son más globales que los de la medicación.
2) No produce efectos secundarios indeseables.
3) Neurofeedback puede iniciarse a edades tan tempranas como los dos años de edad, con resultados favorables.
4) Neurofeedback es un tratamiento y es No invasivo. Es un proceso de aprendizaje de auto-regulación. Una vez se completa el entrenamiento, la evolución se mantiene. Los fármacos NO son un tratamiento, son una remediación momentánea del síntoma, cuando funcionan (algunas veces no funcionan o no se toleran). Si la medicación se suspende, todo vuelve al panorama inicial. Los fármacos SI son invasivos.
La técnica de Neurofeedback mejora la función regulatoria cerebral. Esto trae como consecuencia una mejoría observable sobre el control del comportamiento, el manejo de la atención, y la regulación del afecto en las personas que padecen TDA/TDAH y síntomas acompañantes tales como problemas de comportamiento, trastornos afectivos, Tourette, y trastornos obsesivo-compulsivos.

Virginia Rojas Albrieux.