MÉTODO OTHMER DE NEUROFEEDBACK Dirigido por la Dra. Virginia Rojas Albrieux, Psicóloga, especialista en Neurofeedback. Tratamientos No Invasivos para ansiedad, depresión, rendimiento óptimo, déficit de atención, rendimiento escolar,hiperactividad, insomnio, espectro del autismo, estrés, migraña, trauma craneoencefálico, fibromialgia, epilepsia, estrés postraumático y otros.
jueves, 30 de julio de 2009
Ojo al Burn Out
Infortunadamente, los conceptos de autocuidado y calidad de vida no están incorporados en forma adecuada en nuestra cultura ni mucho menos, en gran parte de las organizaciones. Según estudios de la Universidad de Harvard, entre el 60 y el 90% de las consultas médicas están relacionadas con el estrés y con otras interacciones mente/cuerpo. Y los fármacos, las cirugías y demás procedimientos –tan afianzados y avalados dentro de nuestra sociedad– no pueden tratar el estrés de manera apropiada. A pesar de que, afortunadamente, existen las herramientas y los recursos antes mencionados –como se dijo anteriormente– no hay conciencia suficiente del autocuidado como el recurso valioso e irremplazable que representa en el manejo de la Salud Total.
Actualmente, nuestro mundo globalizado está creando un estilo de vida tendiente a la generación de una gran cantidad de estrés laboral. El estrés es una palabra que, con frecuencia, está mal empleada. Por lo tanto, primeramente, debemos aclararla: El estrés es la percepción de una amenaza o peligro físico o psicológico y la percepción de que las respuestas del individuo son inadecuadas para afrontar dicha amenaza. El estrés produce una serie de cambios fisiológicos internos, desencadenados por la liberación de ciertas hormonas en el organismo, denominadas catecolaminas. Tales cambios son el aumento del metabolismo, de la frecuencia cardíaca, de la presión arterial, de la tasa respiratoria y del flujo sanguíneo a los músculos. En ese momento, el organismo se está preparando para lo que se denomina la respuesta de “lucha o huida”. En realidad, el estrés es una respuesta “adaptativa” del ser humano; es decir, que el estrés en sí no es “malo”, como a veces se cree. Lo que sí resulta perjudicial es el estrés prolongado o estrés crónico.
Como consecuencia del estrés laboral crónico estamos observando –cada vez con más frecuencia– que en las organizaciones está apareciendo una nueva enfermedad que se ha denominado “Síndrome del Agotamiento Profesional” o “Síndrome del Quemado” - Burn Out.
El Burn Out presenta alteraciones en los factores biológicos y físicos, tales como agotamiento mental y físico. También en los factores emocional y psicológico, como depresión y ansiedad e, igualmente, en los factores conductuales, como adicciones y problemas en las relaciones interpersonales.
Por ejemplo, la necesidad de adaptarse continuamente a las reglas cambiantes del mercado laboral y la competitividad, pueden generar un gran desgaste en algunos individuos. Ante una situación emocionalmente demandante, se produce un estado de agotamiento físico, emocional y mental. Igualmente, la percepción de que la tarea realizada dentro del ámbito laboral es intrascendente, puede causar resistencia a ir a trabajar, sentimiento de culpa y pérdida de autoestima e indiferencia.
Actualmente, entre los empleados es creciente el cansancio excesivo, la falta de energía y los trastornos de sueño. También hay manifestaciones de dolores de cabeza, problemas gastrointestinales e impotencia, incapacidad para realizar tareas con precisión y dificultades para aprender y concentrarse, pérdida de memoria, pesimismo y aislamiento.
En el área emocional, las características propias del Burn Out son la irritabilidad, la depresión, la ansiedad, la desesperanza y la sensación de vacío. También se pueden presentar ataques de pánico e, incluso, desarrollarse un trastorno de ansiedad generalizada que consiste en el padecimiento de una preocupación y tensión crónicas aun cuando nada parezca provocarlas.
En algunos casos, dentro de las manifestaciones conductuales se pueden mencionar –como método de distensión– una tendencia a refugiarse en adicciones (alcohol, cigarrillo, juego, etc.), conductas agresivas hacia los demás, al igual que una actitud defensiva y/o cínica. Específicamente en el trabajo se puede presentar ausentismo, falta de rendimiento y robos. La comunicación en las relaciones interpersonales se puede ir tornando pobre.
Es evidente que algunas profesiones y actividades profesionales tienden a generar un alto grado de estrés. Los empleados cuya labor requiere estar en peligro constante, y/o que sus vidas corran riesgos, están más expuestos a manifestar un Burn Out. Así mismo, los individuos que ejecutan trabajos de precisión, o las personas que deben permanecer confinadas o que tienen una responsabilidad muy alta, o cuya labor se caracteriza por atender público y/o profesiones que –como parte de su trabajo– requieren empatía tienen mayor probabilidad de desgastarse o “quemarse”.
Algunos expertos sugieren que el Burn Out es una enfermedad de la sociedad moderna. El trabajo pierde su sentido y no genera bienestar, sino por el contrario, es fuente de desilusión. El trabajo es rutinario, o mal remunerado, o desbordante: la vida se vuelve solamente trabajo. No hay tiempo para cuidarse. La competitividad es vertiginosa. Para algunos las responsabilidades de su cargo exceden sus capacidades, o trabajan en condiciones inadecuadas. Ante esta situación, las organizaciones perciben ineficiencia, improductividad, ausentismo, alta rotación y baja identificación con la empresa.
El ser humano es una unidad integrada, cuyo grado de satisfacción depende de un equilibrio adecuado de éste en los diferentes ámbitos en los cuales se desempeña. Son empleados, pero –ante todo– son seres humanos (padres, hermanos, hijos, amigos, etc.)
Las organizaciones deben gestionar de manera urgente la humanización de las relaciones laborales, gratificar al personal y trabajar para mantener un clima organizacional favorable. Hay que anticiparse a las problemáticas mencionadas, proporcionando técnicas de recursos humanos, mediando en la capacidad que tiene cada uno de sus empleados para cumplir la labor que desempeña y capacitarlo para que tenga la posibilidad de desarrollar habilidades de afrontamiento en las situaciones críticas que se le presenten. La educación en técnicas de autocuidado en donde las personas aprendan a manejar su estrés y a cuidar su calidad de vida, podría ser la pieza que –en el rompecabezas del cuidado– le faltaba al eslabón de mayor valor de la cadena del ciclo productivo: LAS PERSONAS.
Por lo tanto, siempre ha de tenerse presente, que la vacuna contra el agotamiento laboral es el compromiso del individuo con su trabajo. Para esto, el empleador debe crear ciertas condiciones en las que el empleado se sienta motivado porque en su cargo puede aplicar sus habilidades y talentos y porque existe la posibilidad de completar una tarea que tiene un impacto significativo en los demás…
Virginia Rojas Albrieux
miércoles, 15 de julio de 2009
Neurofeedback y Estrés
El estrés se define como la percepción de una amenaza o peligro, físico o psicológico que requiere de un cambio comportamental por parte del individuo, lo cual resulta en un aumento del metabolismo, de la frecuencia cardiaca, de la presión sanguínea, de la tasa respiratoria y de la circulación sanguínea hacia los músculos. Estos cambios fisiológicos internos preparan al organismo para la respuesta de “lucha o huida” y está mediada por la liberación al torrente sanguíneo de las hormonas adrenalina, noradrenalina y cortisol. Es importante aclarar que el estrés es una respuesta adaptativa presente en todos los seres vivos; es decir, que tiene una finalidad, es funcional.
Cuando el estrés se vuelve crónico y el organismo debe adaptarse y readaptarse constantemente, hay implicaciones y consecuencias que van desde moderadas a muy graves, las cuales causan problemas como por ejemplo: Incremento de la oxidación celular, trastornos gastrointestinales, hormonales, muscoesqueléticos, inflamatorios, metabólicos, cardiovasculares y respiratorios, de memoria y cognición afectada, entre otros.
En una situación de estrés crónico el organismo está continuamente en lucha o huida debido a que no sabe como extinguir esta respuesta, incluso cuando no hay percepción de amenaza. Una forma de ilustrarlo es alguien que conduce un carro siempre con el pie sobre el acelerador, aún cuando no necesita ir de prisa; Incluso en los momentos en que necesita frenar ¡sigue acelerando! Una de las consecuencias más comunes del estrés es la ansiedad la cual es una experiencia subjetiva que a su vez alimenta nuevamente la respuesta de estrés en el organismo, pudiéndose esto convertir en un ciclo sin fin: porque tengo estrés me siento ansioso y porque me siento ansioso mi cuerpo desencadena la respuesta de estrés.
Neurofeedback ejercita las redes neuronales, el cerebro adquiere la habilidad de acelerar, desacelerar y frenar acorde con lo que se requiera según la situación debido a que el ejercicio lo ha tornado más flexible y adaptable
Uno de sus grandes beneficios es que mejora la capacidad del cerebro para autoregularse y fortalece el sistema nervioso central, condiciones que contrarrestan el estrés debido a que hay una adaptación más adecuada de la respuesta de lucha o huida. Cuando la crisis desaparece o es superada, el sistema se ecualiza a un nivel menor de involucramiento.
Neurofeedback Colombia emplea el Neurofeedback en complemento con un ramillete de estrategias que le enseña al cliente para que las aplique en su cotidianidad y pueda, por si mismo, manejar y contrarrestar el estrés y ansiedad.
VIRGINIA ROJAS ALBRIEUX
martes, 14 de abril de 2009
Mente como Agua
El arte de mantener la mente descansada y de ahuyentar de ella toda angustia y preocupación es, seguramente, uno de los secretos mejor guardados de los grandes hombres.
-J.A. Hartfield
Existen tres factores claramente identificados que, universalmente, son generadores de estrés: la incertidumbre (el “no saber”), la falta de información y la pérdida de control.
Con frecuencia nos encontramos con la cabeza “llena de cosas”. Y muchas de estas son asuntos que tenemos pendientes. Mantenemos en nuestra mente, consciente o inconsciente, lo que teníamos que hacer ayer y no hicimos, la llamada que debemos hacer hoy y otra que tenemos que hacer mañana. Al mismo tiempo pensamos en el libro que tenemos sobre la mesa de noche y que aún no terminamos, la meta que nos pusimos el año pasado y aún no hemos iniciado, en el proyecto que estamos realizando y en el sueño que tenemos escondido y que no queremos compartir porque creemos que es “una locura”. Estas cosas, sean muchísimas o unas pocas, que rondan su cabeza como pajaritos enjaulados, no le permiten tener la mente despejada, y le pueden estar generando falta de energía, ansiedad, o tal vez insomnio e incluso enfermedad.
El llevar todos estos asuntos pendientes en nuestra conciencia conlleva a los tres factores mencionados como generadores de estrés. Técnicamente hablando es una respuesta fisiológica del organismo donde se produce una cascada de secreciones hormonales, entre ellas, cortisol y adrenalina. Esta respuesta es adaptativa. Es un “diseño” de la naturaleza para los casos de emergencia, es decir, que es necesaria y positiva dentro de una situación específica. Pero cuando el estrés se vuelve crónico (“en emergencia permanente”), esta cascada de hormonas produce un efecto inhibitorio sobre nuestro sistema inmunológico (tornándonos más propensos a enfermarnos, generando una caída en los mecanismos de reparación del ADN, etc.). Las hormonas desencadenadas por un estrés crónico ataca también nuestro sistema cardiovascular, ocasiona fatiga, actúa directamente sobre nuestro cerebro deteriorando su adecuado funcionamiento (por ejemplo, el cortisol “inunda” el hipocampo y afecta nuestra memoria), entre otras cosas. La lista de efectos indeseables es larga.
Quiero compartirles una técnica que, aunque parece simple, es muy poderosa. El objetivo es sacar las cosas de la cabeza. Se trata de lo siguiente: siéntese con lápiz y papel y haga una lista de todas esas cosas que tiene en la mente. Sáquese TODO de la cabeza. Lo grande, lo pequeño, lo personal, lo profesional, lo urgente, lo que no lo es. Todo. Por ejemplo: hacerle el dobladillo al pantalón azul, llamar al cliente potencial, buscar el papelito que dejo dentro de su chaqueta y que necesita recuperar, comprar pilas para la linterna, llevar el gato al veterinario, renovar el seguro, aprender otro idioma (¡un proyecto!), viajar a la costa con toda la familia (¿sueño imposible?), montar su propia empresa (aunque no sepa cómo hacerlo, anótelo), pedirle disculpas a su secretaría (aunque no esté seguro de querer hacerlo, anótelo), salvar la capa de ozono (¡!¿?). TODO. Vaciado mental. Incluso aquellas cosas que no está seguro de querer hacer. TODO. Este ejercicio puede tomar un tiempo. Se va a dar cuenta que tendrá instantes que le llegan muchas ideas como en “ráfaga” y escasamente la mano podrá tomar nota tan rápido como lo necesita. Le llegarán cosas que usted no sabía que habitaban en su cabeza, otras que ya había olvidado. Y por momentos sentirá que queda en blanco, para descubrir unos segundos más tarde que llega otra oleada de ideas. Es un ejercicio interesante y hasta divertido (o a mi me lo parece).
En mi experiencia, el solo hecho de hacer el vaciado mental me ha dado una sensación de descarga y tranquilidad. (¡Y eso que aun no he hecho nada con la lista que he creado!)
Luego de haber elaborado su lista, puede empezar a clasificarla como quiera o como le funcione. Hay sistemas de organización muy concretos, definidos, con especificaciones claras en el mercado, pero ese no es el tema de este escrito.
Alimente sus listas permanentemente. Yo lo hago incluso varias veces durante el día, porque a todos se nos vienen cosas a la cabeza todo el tiempo. Generalmente, mantengo sobre mi escritorio y dentro de mi cartera una pequeña libreta donde voy “sacando” todo y cuando tengo un tiempito lo clasifico en mis listas de categorías y calendario para luego hacer algo al respecto, así sea decidir que ya está completo.
¿Para qué hacer todo esto? Por la sensación de “control”, de poder personal, porque le va a permitir relajarse, recuperar energía que tenía “reservada” aun sin darse cuenta, porque le va a permitir tener la mente despejada y porque esto le va a traer paz mental.
Usted no necesita llevar todos sus pendientes en su cabeza, porque ya sabe que tiene un método “externo” que lo recordará por usted. Así su mente va a tener la posibilidad de dedicarse tiempo completo a generar soluciones creativas, a tener ideas creativas, y a ser productiva… Mi amiga, quien me enseño esta técnica dice que a esto se le llama tener (o mantener) la “mente como agua”. Me encanta ese símil: Mente como agua. ¡Que delicia!
Esta información se puede encontrar en más detalle en el libro "Organízate con Eficacia", de David Allen. Recomiendo tambien su página web www.davidco.com
VIRGINIA ROJAS ALBRIEUX